Sonó el timbre del despertador. Las 7: 30 de la mñanana. Era un nuevo día. Me vestí: vestido de flores con zapatos de tacón con un poco de plataforma color nude, conjunto con el vestido. Perfecto. Labios naturales, maquillaje de perlas de terracota y el pelo liso con unos indefinidos rizos a los dos lados de las orejas. Tenía que sentirme bien, y dar buena presencia. Iba a trabajar en una de las más prestigiosas revistas de Nueva York.
La moda era mi vida, era el motor de mi cuerpo. Con ella me hacía sentirme bien.
Cogí mi bloso, con la tarjeta del hotel y mi móvil. Quise encender el móvil, pero ya estaba encendido. Aquellos mensajes pasaron por mi cabeza. John por fin se había olvidado de mi, espero. Llamé un taxi, y fui camino hacia mi nuevo trabajo.
Un genio llamado John dijo un día "Dirás que soy un soñador, pero no soy el único" y eso haré, seguiré soñando hasta que pueda.
Beatlemaníacos (y gente afhoidsfhiuashfgdsg de este lugar llamado mundo):
Abbey Road St-.
- OH! Darlings.
- The Cavern Club, Liverpool.
- Es curioso porque en la infancia crees que puedes ser cualquier cosa que quieras, ir a donde te venga en gana. No hay límites. Esperas lo inesperado, crees en la magia. Luego te haces mayor y la inocencia se hace añicos. Las realidades de la vida se interponen en tu camino y caes en la cuenta de que no puedes ser todo lo que querías ser, que quizá tengas que conformarte con un poquito menos. ¿Por qué dejamos de creer en nosotros mismos? ¿Por qué permitimos que los hechos y las cifras acaben gobernando nuestra vida en lugar de los sueños? Pero ahora mi mente ha vuelto a cambiar. No hay nada imposible, Alex. Siempre lo he tenido a mi alcance. El problema es que no estiraba bastante el brazo, eso es todo.
lunes, 28 de febrero de 2011
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